Posteado por: emiliomago en: enero 8, 2010

Ha dicho Kant que tanto el arte como el juego son: “una finalidad sin fin”. En el juego y en el arte, no caben preocupaciones utilitarias. Por causa de ese desinterés en relación a la vida real, el arte y el juego deben alimentarse de ficciones e imágenes. Lo que señala la naturaleza de uno y de otro, es precisamente la evasión de lo real al que reemplazan por un mundo ficticio e imaginación y fantasía. Las creaciones del arte y el juego arrastran consigo una total adhesión del espíritu. El arte y el juego son dos aspectos que se suponen fundados en el pleno abandono de su objeto. El niño se entrega al arte como se entrega al juego. Pero en estos estados, es posible expulsar toda otra preocupación, es goce puro, que se manifiesta en la actividad estética como en la actividad lúdica. No obstante, a pesar de sus similitudes, sería impropio confundir estas dos expresiones de vida mental, pues al ser el niño individuo, que juega por necesidad y suerte, no por eso podemos decir que es un artista. Entre el juego y el arte hay una diferencia sideral. Al niño, que juega, no le interesa el material que emplea y no se preocupa de hacer con él algo que se exprese. El artista está siempre ansioso de dejar una obra que sea bella. En síntesis, la similitud o semejanza del juego y el arte, es la despreocupación, por lo utilitario. La diferencia estriba, en lo que hay de distinto entre un niño, que juega con materiales, que le interesan particularmente y el artista, que desea hacer una obra con los materiales, que juega y que trabaja. En la medida en que el juego se parece al arte, la emoción estética debe encontrar un clima favorable en el alma del niño.
Fuente: Barone Luis Roberto, “Cajita de Sorpresas”, Buenos Aires, Centro Literario Americano S.A.C.I.F , 1977. Pág. 37.