Posteado por: emiliomago en: enero 8, 2010

Exceptuando los primeros años, el juego, para la mayoría de los niños, no es una actividad solitaria, sino decididamente social y comunitaria.
Un niño expresa mejor su yo, y se proyecta en su ambiente más satisfactoriamente cuando hay otros de su edad presentes.
En el proceso de juegos en grupo, los niños sufren una profunda socialización.
Cuando las personalidades, los valores y lamentos se mezclan en el juego, cada niño aprende lecciones inconmensurables de ajustes de los que les servirán de mucho.
Las grandes lecciones de buenos deportistas que el niño aprendió en el baldío, en el fondo de la casa, en la escuela, y más tarde en las pistas de atletismo, sin duda son transferidas en grado considerable, a la oficina, a la fábrica, al palacio legislativo y en todas las demás empresas adultas que emprenden los hombres.
Fuente: Barone Luis Roberto, “Cajita de Sorpresas”, Buenos Aires, Centro Literario Americano S.A.C.I.F , 1977. Pág. 38